cap. I, Comienza la vida de hierro






 Por Nicolás Coronel

      El 15 de marzo del año 1960, a las 6 hs, nos presentamos con mi padre, don Isidro Coronel, en el centro de reparación Retiro Norte (estación Saldías del F.C. Belgrano). Nos atendió el capataz, don Juan Pedro Heredía. Al saludarlo mi padre le dijo: "don Heredía, aquí le traigo a mi hijo, como había quedado con el sr. Mochino, (jefe de personal del Departamento de Locomotoras de Boulongne) para que sea incorporado a la empresa en calidad de peón". Éste le contestó: "vaya tranquilo don Coronel, yo me ocuparé de encaminar a su hijo en la carrera ferroviaria".

      Tras la partida de mi padre, el sr. Heredía me invitó a pasar a su oficina. Me contó que esa base de refinación en la que estábamos se denominaba "Base de Reparación de Material Remolcado Retiro Norte" y que allí se reparaban los vagones de carga que recorrían la mitad del país, llevando y trayendo cargas necesarias desde y hacia el interior de la Argentina. Dijo que "así se mantenía el engrandecimiento de nuestro país".

      Y prosiguió: "en esta base de reparación (que constaba de una vía que estaba entre otras dos: una era para la descarga de azúcar y la otra para la carga de combustible) hay cuatro secciones de trabajo: levante, engrase (se efectuaba la lubricación de los ejes con una estopa enbebida en aceite, no existía por aquel entonces el ruleman), frenos (allí se reparaba todo lo concerniente al sistema de frenos de los vagones) y carpintería (donde se reparaban las carrocerías de los vagones, en su mayoría elaborados en madera).
                                                      Estación de Retiro, 1960.                                      foto: ferrovías

      Luego de darme las explicaciones correspondientes, me dijo que el sistema que él aplicaba con el personal ingresante era el de "hacerlos rotar por todos los sectores para ver en cuál se adaptan mejor". Y, agregó,  "con el correr del tiempo, completarán la carrera en alguna de las especialidades, cuando se abran las vacantes". Después me llevó a conocer el vestuario, donde me dio un cofre para que guardara mi "ropa de calle". También me otorgó un horario: trabajaría de seis de la mañana a dos de la tarde. Y tendría un lapso de descanso para desayunar (de 8 a 8:10 am) y otro para almorzar (de 11 a 11:20 am).

       La categoría con la que inicié mi carrera en el ferrocarril fue de "eventual". Al no estar efectivo, solamente tenía las prerrogativas mínimas y no podría faltar por ninguna causa, ni siquiera por enfermedad. Además, el sueldo me lo pagarían en la estación de Retiro, en la sección de contabilidad.

       Al cumplir seis meses de trabajo, nos informaron, a los que habían entrado al mismo tiempo que yo y a mi, que habíamos quedado efectivos. Ese fue un gran motivo de alegría para todos los compañeros. Al poco tiempo de la efectivización, fueron abiertas y publicadas las vacantes (las que me había mencionado el sr. Heredía para poder especializarse) y yo decidí postularme. Rendí el exámen como ayudante frenero. Lo aprobé y me fue adjudicada la flamante categoría de "ayudante fenero" a los 19 años.


¡Por la reactivación de la Red Ferroviaria Nacional!
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