Cap. II, Bajo el dominio de los militares









Por Nicolás Coronel


       Trabajando como ayudante frenero y delegado gremial no oficial, y pese a que vivíamos bajo un régimen militar pseudo democrático (como presidente estaba Guido, que había madrugado a los militares cuando derrocaron a Frondizi), se nos respetaba el convenio gremial. Reconozco esa acción, pero no se trataba en ningún momento, como  suelen afrimar, muy fácilmente, algunos imaginarios martires de la dictadura, de "la defensa de lo bueno de la doctrina nacional justicialista".

       De cualquier forma, yo noté que la desnacionalización de los ferrocarriles, en particular el mío, FC. Gral. Belgrano, había comenzado de una manera más sutil (que a la larga dio sus frutos). Al darse cuenta de que los trabajadores ferroviarios estaban muy unidos y tenían la férrea voluntad de defender sus fuentes de trabajo, optaron por no comprar repuestos para reponer el material remolcado (vagones de carga y vagones de pasajeros locales e interurbanos) y por cometer canibalismo con los vehículos que estaban más averiados ( rescataban  y reutilizaban ruedas, paragolpes y hasta bulones) para hacer decaer los servicios tanto de carga, que eran bastante solicitados, como de pasajeros.

       La idea era, además, hacer un achique del servicio ferroviario nacional y urbano.  A algunos iluminados que dirigían el F.C. Nacional les dio por hacer su negocio y comprar material remolcado. Así comenzaron a adquirir la chatarra de otros países. Trajeron vagones de pasajeros de Italia (Fca Fiat) y vagones de carga de España, Bulgaria y Corea. De esa forma se comenzaron a dejar de lado los talleres de Boulongne, Laguna Paiva (Santa Fe), Córdoba, Tafiviejo (Tucumán) y otros donde se podía realizar la reparación y hasta la construcción de vagones de carga y de pasajeros.

       En esa época  me tocó cumplir con el servicio militar obligatorio. Era el año 1963. Allí  viví la guerra interna del ejercito argentino, entre las facciones de los azules y los colorados. Querían probar quién de ellos era "más nacionalista". A mi entender, solamente se dividían los lugares en el poder.

       Luego de permanecer durante trece meses, 3 días y 2 horas en CIADA Mar del Plata, me fue dada la baja y me reintegré al servicio en el ferrocarril Belgrano, con la promesa que me hizo un capitán de "ayudarme a obtener" alguna prebenda (en ese momento los ferrocarriles estaban a cargo del Ejécito Argentino). Gracias a Dios y a mis padres, desistí de esa oferta. Y no estoy arrepentido.



¡Por la reconstrucción de la Red Ferroviaria Nacional!